sábado, 19 de septiembre de 2009

ENTRE LIBROS


Encuentro Internacional de Escritores en Victoria, Entre Ríos, Argentina.-

En Noviembre del 2008 tuve la dicha de ser invitado especial del VI Encuentro Internacional de Arte y Poesía de Victoria, Entre Ríos. Fue mi primer viaje a la Argentina, maravilloso país que conocía desde mi adolescencia solamente a través de los mapas luminosos que me habían regalado sus grandes escritores: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Leopoldo Marechal, Julio Cortázar, Esteban Echeverría, José Hernández, Ernesto Sábato, Manuel Puig y Ricardo Guiraldes.
En este Encuentro de Escritores presenté mi audio-libro:“Espejos del sur”, mi libro de poesía:“Piedad frutal” e impartí la conferencia:”De Safo a Alfonsina Storni”.
Aunado a la belleza natural del paisaje de la provincia argentina, a la fascinación mágica de la porteña ciudad de Buenos Aires, que recorrí en dos tardes apresuradas en que mis amigos José Luís y Ana María, me llevaron de la seca a la meca, tratando de que no faltara nada a mi itinerario gozoso por la ciudad de Borges, me topé en el Encuentro de Victoria con unos escritores de gran calidad literaria y múltiples registros que a la vez estuvieron abiertos a la escucha y a la valoración de lo diferente. Fueron días memorables esos del 7 al 10 de Noviembre del 2008.
Victoria, hermoso pueblo estilo colonial está asentado, al igual que la ciudad de Roma, sobre siete colinas. Por eso a este Encuentro de Escritores le gusta llamar su fundadora la excelente poeta argentina Lucía Giaquinto “Encuentro de las siete colinas”. Entre Ríos, a cuyo territorio pertenece el pueblo de Victoria es una hermosa provincia cuya nombre le viene de estar parcelado por las aguas benéficas y caudalosas del gran río Paraná, que atraviesa varios países de América del sur y allí, en Argentina, parece un gran brazo de mar cargado como todo océano de nostalgias y de magia.
Ha pasado casi un año del Encuentro de Escritores de Victoria y aún no puedo olvidar la voz melodiosa, andina, de una poeta de 81 años que con cada sílaba me recordaba la cadencia de los versos de Gabriela Mistral, voz escuchada muchos años atrás mediante una grabación en un acto cultural en la Embajada chilena en Santo Domingo. El nombre de esta poeta que me recuerda a Mistral es Juana Rómulo y a su edad estaba presentado un buen libro de versos: “Mariposas ocres”.
También conocí allí a un sinfín de extraordinarios escritores: a la poeta argentina-israelí Marcela Vanmak (“Con el espíritu de las musas”), al dramaturgo salvadoreño Julio Díaz-Escamilla (“Lorca, memoria de la angustia), a los escritores chilenos Carlos Calderón Ruiz de Gamboa y Fernando Sánchez Durán, enviados especiales del Ministerio de Cultura de Chile. Además a la poeta chilena Nuri Scorza (“Intima morada” y “Otro amanecer”) y los escritores y poetas argentinos Zunilda Gaite (“Lunas de abril”), Norberto Aige Marinelli (amigo querido que me traje en el corazón por su calidez humana y sinceridad, que presentó los libros “El desorden” y “Largo día, dulce tregua”), Liria Guedes (“Las puertas de la piedad”), María Paula Monez Ruiz (“La clave”), Berta Bilbao Ritcher, José Gallardo, Ana María de Benedectis, Gladys Abilar (“Juguitos de rimas”), Luis Guedes Arroyo, Elías Galati, Vilma Osella (“Los caminos del agua”), Liliana Waipan (“Rehenes”), Elizabeth Simeone (“Noveno círculo”), Graciela Paleari, Lili Muñoz, Graciela Bucci (“Las fronteras posibles”), Adriana Reggiardo, Beatriz Vallaza (“Las redes que tendimos”), Luisa Berutti (“Rescate del silencio”), María Ester Chapp (“El ojo peregrino”), Raquel Piñeiro Mongiello (“Horas de arena”), Daniel Riveira (“Frida, píntame una poesía”) y mi querida amiga con quien he cultivado una amistad epistolar fecunda María Cristina Pizarro (“En la búsqueda del lector infinito”). Todos ellos, y algunos más que tendrán que perdonarme porque sus nombres se me escapan de la memoria (pero no su afecto del corazón) causaron un profundo impacto en mi persona y en mi escritura. Poco a poco, si me lo permiten, iré leyendo y comentando sus obras.
La poeta Lucía Giaquinto estuvo de aquí para allá, como buena anfitriona, atenta siempre a las necesidades de todos y además, actuó maravillosamente bien el papel femenino principal en la obra “La Coronela” de Julio Díaz-Escamilla, que fue presentada a mitad del Encuentro. Una mención especial merece también el trabajo de coordinación del escultor entrerriano Daniel Savall. A él un fuerte abrazo. Parabienes a todos y que la palabra, en el siguiente Encuentro de Escritores de Victoria florezca como un gran árbol cargado de manzanas. Salud y larga vida a las letras argentinas.


Revista "Espacio", Septiembre del 2009.-

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